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viernes, 13 de octubre de 2017

TARAREANDO, TANGO DE J.J.GUICHANDOT

Tarararí, tarará,
tarararí, tarararí, tarará.

Tarareando voy por la vida,
tarareando... tarareando...
Y aunque sangre por una herida
a flor de labios tengo un cantar.
Si es que me muerde el corazón,
la pena o el rencor,
olvido
con mi canción.
Tarareando voy por la vida
porque así la vivo mejor.

Tarareando... tarareando...
las penas voy ocultando...
y aunque me esten lastimando
con mi tarareo
las voy olvidando.
Si me ha engañado un amor
tarararí...
o algun amigo falló
tararará...
Aunque yo viva sufriendo
nunca sabrán mi dolor.

La experiencia que dan los años
¡cuántas cosas me ha enseñado!
Yo curtido de desengaños
tomo las cosas tal como son.
Y a nadie cuento mi amargor,
mi pena o mi rencor
y sigo
con mi canción.
Tarareando voy por la vida
porque así la vivo mejor.

Si me va bien, tararí...
Si me va mal, tarararí, tarará..


miércoles, 11 de octubre de 2017

SUEÑO DE BARRILETE, TANGO DE ELADIA BLAZQUEZ

Desde chico ya tenía en el mirar
esa loca fantasía de soñar,
fue mi sueño de purrete
ser igual que un barrilete
que elevándose entre nubes
con un viento de esperanza, sube y sube.
Y crecí en ese mundo de ilusión,
y escuché sólo a mi propio corazón,
mas la vida no es juguete
y el lirismo en un billete sin valor.

Yo quise ser un barrilete
buscando altura en mi ideal,
tratando de explicarme que la vida es algo más
que darlo todo por comida.
Y he sido igual que un barrillete,
al que un mal viento puso fin,
no sé si me falló la fe, la voluntad,
o acaso fue que me faltó piolín.

En amores sólo tuve decepción,
regalé por no vender mi corazón,
hice versos olvidando
que la vida es sólo prosa dolorida
que va ahogando lo mejor
y abriendo heridas, ¡ay!, la vida.
Hoy me aterra este cansancio sin final,
hice trizas mi sonrisa de cristal,
cuando miro un barrilete
me pregunto: ¿aquel purrete donde está?


sábado, 7 de octubre de 2017

EL CENCERRO, TANGO DE JOSE MARTINEZ

José Martínez

Nombre real: Martínez, José Julián

En 1890, a pocos años de haber nacido el tango y aún en la lucha por obtener forma definitiva, ocurrieron varios nacimientos de figuras que en poco tiempo, quince o veinte años, tuvieron importancia destacada en el posterior desarrollo de nuestra música. De todos esos nombres, separamos a José Martínez, nombre de auténtico protagonismo.

A este músico se lo conocía en el ambiente por el apodo de El Gallego, a lo que él respondía: «Eso es antojadizo, soy porteño. Llevo apellido español pero mis padres, mis abuelos y bisabuelos eran argentinos».

Cursó hasta el 3º año del bachillerato y durante tres años trabajó en una escribanía. Paralelamente y, como era un gran intuitivo, hacía prácticas de piano en casa de unos amigos, sin haber realizado estudios previos de música.

Su acceso al tango por la puerta grande se produjo en 1911 al integrarse como pianista con el trío formado por Augusto Berto (bandoneón) y Julio Doutry (violín). Actuaron por seis meses en un café de la calle Centroamérica (hoy Pueyrredón).

Según él le testimonió a Héctor Bates en un reportaje del año 1934, pasaron luego al café llamado De los Loros, ubicado en Corrientes y Medrano, así llamado por estar formada su clientela mayoritariamente por conductores y guardas de los famosos tranvías Lacroze que eran de color verde. Allí trabajaron un año. De ahí fueron al café Castilla e incorporaron al flautista Vicente Pesce (llamado El Tano Vicente), transformándose en cuarteto.

Al tiempo volvieron al café De los Loros, pero con la participación de Francisco Canaro como violinista, por haberse retirado Doutry del conjunto. Después de trabajar juntos un tiempo, Canaro pasó a colaborar con Vicente Greco y Doutry volvió al cuarteto.

José Martínez formó parte también del conocido Quinteto Augusto que dirigía Berto e incluía al flautista Teisseire y grababan en los discos Atlanta (1914).

Otro lugar donde se desempeñaron hasta 1916 fue el café Canessa de Corrientes y Montevideo y, a partir de ahí, Martínez cambió de rumbo.

Debemos destacar aquí algo de suma importancia para nuestro evocado: Eduardo Arolas, el que hacía sollozar al bandoneón, lo convocó para que reemplazara en su conjunto a nadie menos que Agustín Bardi, para actuar en el cabaret Royal que luego fue el Tabarís.

Seis meses después optó por retirarse de la música, agotado por ese trajinar. Se empleó en Bunge & Born como recibidor de cereales pero, al finalizar la cosecha, no pudo sustraerse a su llamado, y volvió al tango.

Organizó un trío con él al piano, Osvaldo Fresedo en bandoneón y Rafael Rinaldi en violín. Se vivían tiempos muy duros, cuándo no, y tuvieron que trabajar en una olla popular ubicada en pleno barrio de Once, Viamonte y Larrea, donde cobraban 10 centavos la pieza. La experiencia duró ocho meses.

Surgió entonces un trabajo en el cabaret Montmartre de la calle Corrientes y se formó el cuarteto Martínez-Canaro, al agregarse éste al trío. Al terminar el contrato, Canaro formó su orquesta, con la que retornaron al cabaret Royal, donde se desempeñaron por espacio de cinco años.

En 1917, Martínez integraba la orquesta de Firpo-Canaro, considerada una orquesta monstruo por el nivel de sus músicos, que hicieron furor en los Carnavales de ese año en el teatro Colón de Rosario, veamos, José Martínez doblaba a Firpo y el resto era así: en los bandoneones, Osvaldo Fresedo, Eduardo Arolas, Minotto, Deambroggio y Pedro Polito; los violines, Francisco Canaro, Julio Doutry, Agesilao Ferrazzano, Tito Roccatagliata y Scotti; flauta, Alejandro Michetti; clarinete, Juan Carlos Bazán y en el contrabajo el legendario Leopoldo Thompson.

Algunos cronistas ubican a José Martínez, valiosísimo elemento de músicos de su época, como un sucesor de Roberto Firpo, Luis Riccardi, Samuel Castriota, Agustín Bardi, etcétera.

Martínez que había nacido en la Capital Federal el 28 de enero de 1890 y falleció en el barrio de Belgrano el 27 de julio de 1939, tuvo activa participación en 1918 en las reuniones que hacían en un sótano de Florida al 300 con Francisco Canaro, Vicente Greco, Rafael Tuegols, Antonino Cipolla, Luis Teisseire y Samuel Castriota para dar forma a una organización que defendiera sus derechos. Esa entidad resultó con el tiempo, la actual SADAIC y él formó parte de su primer directorio en 1920.

Siempre armando e integrando conjuntos, también actuó en teatro. Con la compañía Vittone-Pomar (1922). Asimismo con la de Arata-Simari-Franco en el Teatro Smart y en el Maipo con Morganti Gutiérrez, entre otros.

A fines de 1928 se retiró de la actividad musical y se empleó durante cinco años en la firma Louis Dreyfus y Cía.

Francisco Canaro, en sus memorias, tuvo palabras de encomio para ese talentoso músico que fue Martínez, quien, años antes de su muerte, volvió a formar conjuntos que tuvieron suerte diversa.

Nos legó la mayor herencia, que es la constituida por sus numerosos trabajos como compositor: “Yerba mala", dedicado a Bardi; “Samuel” y “El pensamiento”, a Castriota; “Canaro” a Canaro; “Pablo”, a Pablo Podestá.

Además compuso la música de: “Pura uva”, “El cencerro”, “La torcacita”, “De vuelta al bulín”, “El palenque”, “Olivero”, “Calma chicha”, “Punto y coma”, “Lepanto”, “El matrero [b]”, “Expresión campera”, “El acomodo”, “La correntada”, “Carbonada”, “Pedacito de cielo [b]”, “Tengan paciencia”, “Polvorín”, “Marianita”, etcétera.

Sin duda ninguna, José Martínez aportó desde muy joven, mucho de su talento musical a nuestro tango y creemos justo evocarlo en su centenario.

Seudónimo/s: Gallego
Pianista director y compositor
(28 enero 1890 - 27 julio 1939)
Lugar de nacimiento:
Buenos Aires Argentina

jueves, 5 de octubre de 2017

INFAMIA , TANGO DE ENRIQUE SANTOS DISCEPOLO

La gente, que es brutal cuando se ensaña,
la gente, que es feroz cuando hace un mal,
buscó para hacer títeres en su guiñol,
la imagen de tu amor y mi esperanza...
A mí, ¿qué me importaba tu pasado...?
si tu alma entraba pura a un porvenir.
Dichoso abrí los brazos a tu afán y con mi amor
salimos, de payasos, a vivir.

Fue inútil gritar
que querías ser buena.
Fue estúpido aullar
la promesa de tu redención...
La gente es brutal
y odia siempre al que sueña,
lo burla y con risas despeña
su intento mejor...
Tu historia y mi honor
desnudaos en la feria,
bailaron su danza de horror,
sin compasión...

Tu angustia comprendió que era imposible,
luchar contra la gente es infernal.
Por eso me dejaste sin decirlo, ¡amor!...
y fuiste a hundirte al fin en tu destino.
Tu vida desde entonces fue un suicidio,
vorágine de horrores y de alcohol.
Anoche te mataste ya del todo y mi emoción
te llora en tu descanso... ¡Corazón!

Quisiera que Dios
amparara tu sueño.
muñeca de amor
que no pudo alcanzar su ilusión.
Yo quise hacer más
pero sólo fue un ansia.
Que tu alma perdone a mi vida
su esfuerzo mejor.
De blanco al morir,
llegará tu esperanza,
vestida de novia ante Dios...
como soñó.


martes, 3 de octubre de 2017

JACINTO CHICLANA, MILONGA CON VERSOS DE JORGE LUIS BORGES Y MUSICA DE ASTOR PIAZZOLLA

Me acuerdo, fue en Balvanera,
en una noche lejana,
que alguien dejó caer el nombre
de un tal Jacinto Chiclana.
Algo se dijo también
de una esquina y un cuchillo.
Los años no dejan ver
el entrevero y el brillo.

¡Quién sabe por qué razón
me anda buscando ese nombre!
Me gustaría saber
cómo habrá sido aquel hombre.
Alto lo veo y cabal,
con el alma comedida;
capaz de no alzar la voz
y de jugarse la vida.

(Recitado)
Nadie con paso más firme
habrá pisado la tierra.
Nadie habrá habido como él
en el amor y en la guerra.
Sobre la huerta y el patio
las torres de Balvanera
y aquella muerte casual
en una esquina cualquiera.

Sólo Dios puede saber
la laya fiel de aquel hombre.
Señores, yo estoy cantando
lo que se cifra en el nombre.
Siempre el coraje es mejor.
La esperanza nunca es vana.
Vaya, pues, esta milonga
para Jacinto Chiclana.


lunes, 2 de octubre de 2017

CHICLANA, TANGO DE JULIO DE CARO Y M GOMILA


Julio De Caro

Nombre real: De Caro, Julio
Seudónimo/s: José Julián
Violinista, director y compositor
(11 diciembre 1899 - 11 marzo 1980)
Lugar de nacimiento:
Buenos Aires Argentina
Por

ras iniciarse, en la segunda década del siglo XX, junto a los grandes creadores de la época —Eduardo Arolas, Roberto Firpo y otros—, que habían transformado el tango primitivo, y recibir la influencia de los primeros grandes melodistas del género —como Juan Carlos Cobián y Enrique Delfino—, el violinista Julio De Caro fundó con su sexteto, a partir de 1924, un nuevo y trascendental estilo. Este gravitaría como ningún otro en la historia posterior del tango, ensanchando su horizonte espiritual. Tanto que la escuela decareana en el plano instrumental y la escuela gardeliana (por Carlos Gardel) en el vocal, sentadas como modelos de interpretación del tango para la misma época pero separadamente, constituyeron desde entonces la suprema guía en sus respectivos ámbitos.

De Caro conservó la esencia del tango arrabalero, bravío y lúdico de los iniciadores, pero fundiéndolo con una expresividad sentimental y melancólica desconocida hasta entonces, reconciliando así la raíz criollista con la influencia europeizante. Su mayor formación académica le permitió envolver su mensaje en un lenguaje musical depurado, de inefable seducción. Las versiones de su sexteto, a veces remolonas, a veces vívidas, suenan como acuarelas de un Buenos Aires de casas bajas, fachadas grises, calles arboladas, jardines floridos, adoquines y antiguos tranvías. O, más aún, de un orden político y social armonioso pese a los agudos contrastes, de libertad y de pujanza económica, todo lo cual concluiría brutalmente en 1930, cuando, parida por la crisis mundial, se inicia la era de los golpes de Estado en la Argentina.

Fueron cruciales para que se entendiera la idea decareana los tangos que De Caro mismo compuso e interpretó, como “Boedo”, “Tierra querida” y muchos otros. También esencial fue el aporte de su hermano Francisco, pianista del sexteto y, como compositor, artífice de algunos de los tangos de línea romántica y ensoñadora más admirados de todos los tiempos, como “Flores negras” o “Loca bohemia”. El conjunto iba y venía así de la desfallecida pasión de los tangos de Francisco a las pinturas de paisajes y personajes urbanos de los de Julio, con una ductilidad nunca vista antes.

Fundamentales, asimismo, fueron las obras de Pedro Laurenz, bandoneonista del sexteto, que aportó piezas inmortales, como “Risa loca” o “Mal de amores”. Pero en su inmenso repertorio, De Caro no olvidó nunca a los grandes compositores ajenos a su grupo, cuyos tangos reinterpretó bajo los nuevos códigos, preparándolos así para que fueran recogidos en las décadas posteriores por centenares de orquestas, decareanas o no. Julio nació en Buenos Aires, en una casona de la calle Piedad, en el barrio de Balvanera, como segundo de doce hermanos, en el seno de una familia de origen italiano. Su padre, José De Caro De Sica (emparentado con los ancestros del cineasta Vittorio De Sica), deseaba para sus hijos una carrera universitaria y una formación musical académica. Antiguo director del conservatorio del Teatro della'Scala de Milán, don Giuseppe decidió que Julio estudiara piano y su hermano Francisco violín. Pero los niños trocaron los instrumentos y, mayor desafío aún a la temida autoridad paterna, se consagraron al tango, provocando una ruptura familiar jamás restañada.

Arolas, El Tigre del Bandoneón, alojó a Julio, lo apadrinó artísticamente y lo incorporó a su orquesta. En los años que siguieron se desempeñó con el bandoneonista Ricardo Luis Brignolo (compositor de “Chiqué”), el pianista José María Rizzuti (“Cenizas”), el bandoneonista Osvaldo Fresedo (“Aromas”), el pianista Enrique Delfino (“Recuerdos de bohemia”) y el bandoneonista uruguayo Minotto Di Cicco, alias Mano Brava, hasta incorporarse en 1923 al sexteto del pianista Juan Carlos Cobián (“Nostalgias”). Cuando éste, a fines de aquel año, viajó a Estados Unidos, De Caro constituyó su primer sexteto en base al abandonado por Cobián, que incluía al bandoneonista Pedro Maffia, otra figura fundamental. En ese momento comenzaba, por obra de un violinista que sobresalió siempre más por su concepto que por su técnica, una nueva era para el tango.

En 1924 grabó sus primeros discos para el sello Víctor, registrando dos tangos suyos: “Todo corazón” y “Pobre Margot”. A lo largo de 30 años grabó 420 obras, aunque algunos coleccionistas consignan haber hallado dos decenas más. El grueso de su discografía se concentra en el período 1924-1932, que se subdivide en dos grandes series: la del sello Víctor, hasta 1928, y la de Brunswick, desde 1929.

En 1933, De Caro ingresó en una etapa de experimentación con masas orquestales ampliadas y nuevos timbres (vientos, percusión), que a la postre desdibujaron su mensaje (él mismo se había valido en los años 20 de un curioso violín-corneta). Luego, afortunadamente, regresó a sus propias fuentes, aunque pagando el precio de caer en cierto anacronismo. Guardián hasta su retiro de las más nobles esencias, quedó un tanto marginado de la evolución del tango, tanto por su estricto apego al decarismo histórico en lo instrumental como por su dificultosa asimilación del papel central del cantor en las orquestas desde 1940.

Es sintomático que en esa década de enorme auge del tango, De Caro estuviese cinco años sin grabar.

Entre 1949 y 1953, llevó al disco 38 temas para el sello Odeón. Esa serie constituye un valiosísimo testamento sonoro, en el que vuelve sobre grandes obras que ya había grabado con medios técnicos más precarios, e incluye algunas novedades. Notablemente, “Aníbal Troilo”, conmovedor homenaje en tango al gran bandoneonista, director y compositor. Hay que decir que también escribió el tango “Osvaldo Pugliese”, para quien fue su máximo epígono, pero no existen registros de él, como tampoco los hay de “Piazzolla”, el otro gran revolucionario del tango, a quien un visionario De Caro rindió tributo (que Piazzolla retribuyó con su “Decarísimo”).

De su extensísima obra de compositor pueden destacarse varios tangos fundamentales. Además de los mencionados “Boedo” y “Tierra querida”, sobresalen “Colombina” (con Francisco De Caro), “Copacabana”, “Chiclana”, “El arranque”, “El bajel” (con Francisco), “El monito”, “Guardia vieja”, “La rayuela”, “Loca ilusión”, “Mala junta” (con Laurenz), “Mala pinta” y “Mi queja” (ambos con Francisco), “Moulin rouge”, “Orgullo criollo” (con Laurenz), “Tierra querida”, “Tiny” (con Maffia) y “Todo corazón”.

El 11 de diciembre fue declarado Día del Tango porque en esa fecha, aunque de diferentes años, nacieron Carlos Gardel y Julio De Caro.


miércoles, 27 de septiembre de 2017

MADAME IVONNE, TANGO DE E. CADICAMO Y O. PEREYRA

Mamuasel Ivonne era una pebeta
que en el barrio posta de viejo Montmartre,
con su pinta brava de alegre griseta
animó la fiesta de Les Quatre Arts.
Era la papusa del barrio latino
que supo a los puntos del verso inspirar...
Pero fue que un día llego un argentino
y a la francesita la hizo suspirar.

Madame Ivonne,
la Cruz del Sur fue como el sino,
Madame Ivonne,
fue como el sino de tu suerte...
Alondra gris,
tu dolor me conmueve,
tu pena es de nieve…
Madame Ivonne…

Han pasado diez años que zarpó de Francia,
Mamuasel Ivonne hoy solo es Madam…
La que va a ver que todo quedó en la distancia
con ojos muy tristes bebe su champán.
Ya no es la papusa del Barrio Latino,
ya no es la mistonga florcita de lis,
ya nada le queda… Ni aquel argentino
que entre tango y mate la alzó de París